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Murió Randy Weston: un jazzero con África en el corazón

Pianista y compositor, fue un vanguardista que fusionó el soul-jazz y el funk con las raíces negras. Tenía 92 años

Randy Weston durante una de sus actuaciones en el Festival de Jazz de Marciac, en el sur de Francia, en agosto de 2005.
Randy Weston durante una de sus actuaciones en el Festival de Jazz de Marciac, en el sur de Francia, en agosto de 2005.

NUEVA YORK-. Murió el sábado 1° en Nueva York, a los 92 años, el pianista y compositor Randy Weston, una figura ineludible del jazz contemporáneo. Vanguardista, desarrolló una voz propia a partir de su contacto con la música africana.

Su historia es una de las mejores radiografías de la “Florencia del jazz”, Nueva York. Nació el 6 de abril de 1926 en Brooklyn, un vecindario en el que creció rodeado de músicos como Max Roach, Cecil Payne, Duke Jordan y Wynton Kelly, su primo. Ese ambiente cargado de una impresionante energía artística lo llevó a tomar clases con el principal monje del bop, Thelonious Monk, quien fue sin duda su mayor influencia.

Cuando conoció su evangelio, Weston salió a escena. Desde sus comienzos, con discos como Gett Happy (1955), lució su enorme talento como un virtuoso del instrumento y un compositor de calidad, que quedó en evidencia con temas como Hi-Fly, Little Niles o Pam’s Waltz.

Aunque encontró su lugar en la difícil escena neoyorquina, Weston sintió desde el comienzo el llamado de sus raíces. Ya en los años '60 viajó a Marruecos, desde donde comenzó a investigar los orígenes de la música negra. "Mi primera composición dedicada al Africa fue Zulú, en 1954. El interés estaba desde mucho antes de viajar", reveló durante una entrevista.

Sus influencias fueron el blues y el jazz que enriqueció con Africa y que tradujo a través de trabajos como Highlifwe (1963), Monterey ’66 (1966), o Blues To Africa (1974). Su música conjugaba fluidamente el espíritu afroamericano con las raíces africanas, el soul-jazz y el funk: una amalgama riquísima en matices rítmicos y melodías.

Hacia fines de la década del '80, Weston recobró impulso con trabajos de un genuino eclecticismo, esencialmente a través de dos discos hermosos como la trilogía Portrait (dedicado a Duke Ellington, Monk y con composiciones de su cuño) y el doble The Spirit On Our Ancestors, acompañado por el grupo marroquí Gnawa Musicians Of Morocco, quizás el mejor trabajo en reunir al blues con sus orígenes africanos.

Su audacia como compositor mantuvo su vigencia en discos como Spirit! The Power Of Music (1999), Nuit Africaine (2003) y el álbum en vivo The Storyteller (2009), un trabajo de una fuerza y elegancia sorprendentes, que presentó en el Lincoln Center.

Con 83 años, Weston seguía siendo un artista potente y de una honestidad a prueba de modas. Siguió tocando y componiendo: The Roots Of The Blues (2013), con el saxofonista Billy Harper, y The African Nubian Suite (2016), donde homenajeaba al continente negro como lugar de nacimiento de la humanidad. Unos meses atrás lanzó su último trabajo, Sound, de piano solo.

"La música es un arte secreto, un lenguaje planetario que nos permite acercarnos más allá de las razas y de las religiones", declaró cuando vino a tocar a Buenos Aires en octubre de 2008. Los testigos de esos dos conciertos -uno con el sexteto y el otro en solitario- en el Teatro Coliseo pueden dar fe de que su música era energía y celebración.

Fuente de la Información: clarin.com

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