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Federico Frigerio
Diputado nacional por Tierra del Fuego


OPINIÓN
La Guerra Fría del Atlántico sur

04/10/2021. Argentina necesita una agencia estatal que concentre todas las iniciativas, compras y demandas relacionadas con la Antártida

La Guerra Fría del Atlántico sur

El 1 de diciembre de 1959, el Presidente Arturo Frondizi firmaba el ingreso de la Argentina como miembro fundador y permanente del Tratado Antártico. Junto a otros 11 países nos posicionamos a la vanguardia de la discusión sobre el continente blanco y todas sus implicancias. La ciencia, el ambiente, la exploración de sus recursos y su inmensa cantidad de información climática hacen de este tratado pacifico un antecedente único en la humanidad en donde 12 naciones se ponían de acuerdo en la no explotación y no militarización de un espacio en disputa de soberanía.

Nuestra República cuenta con una posición geográfica privilegiada y un sin número de políticas públicas, hitos, héroes y expediciones que forman nuestra construcción posicionamiento Antártico para el sostenimiento y fortalecimiento de nuestro reclamo soberano sobre el continente blanco. Un antecedente muy contundente entre tantos otros es que contamos con la Base Antártica más antigua de la humanidad remontando nuestra presencia sobre aquel continente desde el 22 de febrero de 1904 cuando tomamos posesión y jurisdicción sobre la Isla Orcadas.

Desde ese momento a la fecha el Programa Antártico Argentino ha atravesado un sinfín de modificaciones, adaptaciones y procesos de políticas pendulares. El Poder Ejecutivo Nacional, sin importar la gestión, no supo evolucionar al ritmo necesario para una demanda cada vez mayor de servicios, prestaciones, ciencia y una economía Antártica cada vez más desarrollada. Si hoy todavía tenemos Programa Antártico es gracias a las Fuerzas Armadas, y a un sin número de trabajadores del Instituto Antártico, la Dirección Nacional del Antártico y la Dirección de Política Exterior Antártica. Pero esto no es suficiente, todas estas personas y nosotros como Nación nos merecemos estar a la vanguardia del desarrollo y despliegue sobre el continente blanco.

Repasemos algunos aspectos que evidencian que debemos modernizar nuestro programa antártico en términos institucionales. Desde 1952 el Programa Antártico Argentino encontraba su dependencia ejecutiva en el Ministerio de Defensa concentrando toda responsabilidad, planificación y ejecución. La Ley Antártica, más allá de algunas modificaciones, data del año 1969. En el año 2003 a través de un decreto se transfieren la DNA y el IAA al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Esto generaría en el tiempo un doble comando y una disputa permanente de intereses entre ambos Ministerios, quedando a merced de la relación que pudiera existir entre los Ministros o el interés que cada uno le daba a la temática. Sin personalizar en responsabilidades, la política pública quedó de un lado y la realidad operativa del otro. Esto trae un sin números de problemas: no hay compras unificadas, no hay depósitos Antárticos consolidados, no hay un sistema de recursos humanos Antárticos eficiente, no hay una correcta previsión respecto a las necesidades de infraestructura, medios y herramientas. Cada fuerza y cada órgano hace lo que puede con el mayor profesionalismo pero con las limitaciones prácticas que cada día se hacen más evidentes.

Otro aspecto que se debe modernizar es el marco teórico del ejercicio de soberanía. En la década del 40 o 50, la ocupación territorial por la mera ocupación misma revestía un carácter fundamental y casi único para un reclamo territorial. Cuantas más bases permanentes y temporales tenga como país más relevancia internacional a la hora de negociar el reclamo territorial en disputa. En el tiempo, y sobre todo en territorio Antártico, este concepto fue evolucionando. Para poner el ejemplo de tres potencias globales, Estados Unidos hoy tiene 3 bases permanentes, Rusia conserva 5 bases y el Reino Unido tan solo 2 bases permanentes.

Nuestro país hoy cuenta con 6 bases permanentes, 3 del Ejército, 1 de la Armada, 1 de Fuerza Aérea y 1 de la DNA y 7 bases temporales de verano. Cada fuerza lleva consigo una disputa sobre cuál es más o menos estratégica o más o menos importante. Tenemos que pensar un sistema unificado de Bases y Estaciones Polares Nacionales con equipos de las Fuerzas Armadas conjuntas y personal civil. La disputa de soberanía debe evolucionar hacia una mejor calidad de infraestructura, ciencia y despliegue, que no solo potencie el programa Antártico Argentino sino que también nos posicione como el país más competitivo y eficiente para que los Programas Antárticos Internacionales elijan nuestra infraestructura y medios.

A su vez, es muy importante posicionar a Ushuaia como la puerta de entrada más competitiva y relevante en materia internacional. Hoy en día la flota Antártica Argentina, no puede estar total y permanentemente desplegada en dicha ciudad por falta de infraestructura portuaria. Esto hace que por ejemplo mientras no está en campaña Antártica, el Rompehielos ARA Irizar está apostado en Puerto Madero. Si, un rompehielos en el Río de la Plata más de la mitad del año. Nada tiene que hacer ese medio fundamental en otro lado que no sea el Atlántico Sur. El Museo Antártico se encuentra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dicho museo tampoco tiene nada que hacer allí, debe estar en Ushuaia y formar parte de una atracción turístico científica más, para darle más identidad antártica a dicha locación. La DNA y el IAA tampoco tienen edificios propios en Ushuaia, ambas se encuentran a 2 cuadras de la Plaza de Mayo y poco tienen que hacer en la selva de hormigón cuando deberían también abonar el cluster Antártico de la ciudad de Ushuaia. Así como no contamos con infraestructura para nuestro Programa Antártico, tampoco contamos con el equipamiento para poder ser prestadores de servicios a otros programas Antárticos o investigaciones internacionales privadas o públicas.

Por todas estas razones es evidente que necesitamos un vehículo institucional que se encuentre a la altura de este desafío y que pueda articular de forma eficiente todo este reordenamiento para volver a estar a la vanguardia de la Política Antártica Internacional como lo supimos estar. Es por esto, que en mi carácter de Diputado Nacional, presenté un Proyecto de Ley para crear la Agencia Antártica Argentina. Una agencia que concentre toda la temática, unifique compras, sea el único interlocutor con las demandas nacionales y externas sobre la Antártida, administre y coordine nuestra infraestructura y medios. El proyecto también incluye realizar una gran cantidad de obras e instalar de forma definitiva todas las dependencias y organismos relacionados a la Antártida en la provincia de Tierra del Fuego. En la forma en la que hoy está planteado el funcionamiento, no hay manera de facilitarle servicios y prestaciones a otros países, institutos, demandas públicas o privadas. Con una agencia esto podría cambiar abruptamente y lejos de tener un Programa Antártico deficitario, el mismo podría financiarse y potenciarse con el producido de nuestros servicios. Para que se den una idea de magnitudes, hoy en día todos los Programas Antárticos que operan en bases propias y de terceros países en la península Antártica y adyacencias, invierten por año 1.200 millones de dólares solamente en logística. Por todas las falencias estructurales mencionadas, muy pocas de esas operaciones pasan por territorio nacional y cada vez perdemos más relevancia en detrimento de las operaciones británicas en Malvinas y las chilenas en Punta Arenas.

Hemos sido privilegiados una vez más por nuestra posición geográfica y lo seguimos desaprovechando a diario. Existen 5 ciudades puerta de entrada a la Antártida en el mundo: Hobart en Australia, Ciudad del Cabo en Sudáfrica, Christchurch en Nueva Zelanda, Punta Arenas en Chile y Ushuaia en Argentina. La nuestra y la chilena son las más cercanas, pero Ushuaia está todavía dos días de navegación más cerca, poniéndonos una vez más con todas las posibilidades de aprovechar dicha ventaja. Por otro lado el Reino Unido ha empezado a mover sus fichas para lograr posicionar la base militar que tienen en nuestras Islas Malvinas como una puerta de entrada más que se suma a esta competencia. Chile por su parte acaba de aprobar el financiamiento para la construcción de un Centro Antártico Internacional en su país. Cada día que pasa sin que nosotros tomemos cartas en el asunto para volver a ponernos a la vanguardia, es un día de soberanía que cedemos. La guerra fría del Atlántico Sur no es más que la competencia pacífica por quien logra posicionarse como el país de referencia y competitividad logística, científica y económica sobre el séptimo continente.

La visión final del proyecto de la Agencia Antártica Argentina, no es solo consolidar de una vez por todas un Polo Logístico Antártico Argentino en Ushuaia eficiente y moderno para nuestro programa antártico, sino también crear el Centro Antártico Internacional y aprovechar que al ser miembros del Mercosur ya tendríamos por propiedad natural la capacidad de albergar todos los programas antárticos de nuestros socios regionales además de que el resto de las naciones nos elijan como la opción más estratégica.



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