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Sergio Osiroff
Ingeniero Pesquero

Docente de la UTN - Investigador


De observatorios y cadalsos

31/10/2020. Personas no gratas

De observatorios y cadalsos

El Observatorio Cuestión Malvinas de Tierra del Fuego acaba de aconsejar, al gobernador de la provincia, declarar como “personas no gratas” a funcionarios de la Cancillería, que habrían tenido algún nivel de participación en el acuerdo Foradori-Duncan de 2016. Reforzando la idea, le pide además que promueva que dicha declaración tenga tratamiento legislativo.

Las variadas formas de decir lo mismo: escrache

Que se catalogue a alguien como “persona no grata” es lo mismo que “escracharla”, poniéndola públicamente en el banquillo de los condenados. Lo llamativo es que la medida, por añadidura, la promueva un organismo creado por ley del Estado, si es que se trata efectivamente del mismo organismo asesor previsto en la ley provincial 836, funcionando además conforme a la norma y su reglamentación. De ser así, sería el mismo Estado quien se ponga a escrachar gente.

Gente que, como es el caso, ha dedicado su vida profesional y personal al servicio de la actividad antártica argentina y las relaciones internacionales del país. Personas con las cuales el observatorio podrá, en todo caso, disentir respecto a su eventual actuación, incluso sobre su discernimiento, tanto en cuestiones vinculadas a Malvinas como respecto a cualquier otra.

Pero no porque una mayoría circunstancial del observatorio disienta, vaya a tener la razón de su lado. Ni las personas involucradas tengan por qué ser sometidas a la afrenta pública.

Renovada inquisición

El funcionario público puede ser  sujeto de crítica en sus apreciaciones o decisiones, de disenso y debate, y  hasta ser objeto de śatira, caricatura o ridiculización. Son reglas de juego de la libertad de expresión y la revisión del desempeño de los funcionarios. Incluso son pasibles de denuncia por mal cumplimiento de sus funciones, con lo cual hay un debido proceso y presunción de inocencia.

Pero la descalificación promovida por un organismo creado por ley, por más blasones que pueda detentar en su conformación, es otra cosa. No se parece siquiera a un tribunal inquisidor, en que al menos había procedimientos y algún resquicio para el ejercicio de la defensa, o la exposición justificatoria.

Acá no. Acá se da por probado un hecho genérico, acaso responsabilidades difuminadas, que conducen finalmente a que una suerte de tribunal de personas “gratas”, pueda promover que otras sean declaradas “no gratas”.

Escrache de modales institucionales.  

Voto calificado

Así como no existe en el país el voto calificado, tampoco existe la opinión calificada. Venga de donde venga. Incluyendo al observatorio y sus integrantes, con el respeto que merecen. Que es el mismo respeto, al que son merecedores los funcionarios sobre quienes pende la declaración de ser “personas no gratas” para los fueguinos.

Culpas borrascosas

Al margen de la culpabilidad difusa que se enrostra a los funcionarios, en la postura del Observatorio Malvinas subyace otro elemento perturbador, cual es la eventual proyección, sobre la opinión pública, de una suerte de abordaje simplista acerca de problemas y asuntos complejos.

No se pretende afirmar que la posible difusión de un contexto de simpleza, con consecuentes caminos únicos e indubitables en lo que atañe a la cuestión Malvinas, forme parte de una actitud deliberada. Sí señalar, en cambio, que ese efecto puede efectivamente producirse, aún involuntariamente, cuando en rigor, la problemática Malvinas, lo mismo que todas las cuestiones referidas a la presencia y derechos argentinos en el Atlántico Sur y la Antártida, están caracterizadas por la complejidad y la enorme multiplicidad de intereses en juego.

Intermedio filosófico:

Las finales son para ganarlas

 

En el Atlántico Sur, la Argentina juega un partido donde tiene buenas chances, pero en el que le convendría recordar que aunque esgrima títulos convincentes de propiedad sobre el potrero, no es dueña de la pelota ni pone las reglas en soledad. Y además juega con su propia selección, mientras los demás equipos, incluyendo las selecciones más amigas, vienen también a jugar. Pero sus propios partidos; y con la idea de ganar, no de hacer amistades.

Se trata de realpolitik. Las lealtades y el intercambio de banderines, son para la foto.

Con lo dicho, nos convendría también pensar en jugadas preparadas, hacer tiempo, disponer de bidones para la sed de los contrarios, jugar al orsái, colgarnos del travesaño y salir rajando al contraataque, primerear con un par de goles y aguantarse el resto del partido escondiendo la pelota, etc. etc.

Son variados los caminos, pero la cuestión es ganar, no el tiki taka o el vértigo. Si el camino es único y nos analizan, capaz que no pasamos de la primera rueda. Experiencia no nos falta al respecto.

Puñado de emociones

El discurso reiterativo de corto plazo y fuerte emotividad, puede terminar perturbando la comprensión del contexto real en que se encuentra el país, tanto en Malvinas, como en los espacios insulares, Antártida y ámbitos geográficos y económicos involucrados. La descalificación pública (y oficial) de funcionarios de carrera, con experiencia y dedicación profesional a la gestión antártica y de relaciones exteriores, puede a su vez ser contraproducente, al condicionar eventualmente y a futuro, la elaboración y puesta en práctica de posturas inteligentes frente a estos mismos asuntos.

Con lo dicho, no se está afirmando que el acuerdo Foradori-Duncan no pueda ser cuestionado. Tal vez haya sido, efectivamente, un mal acuerdo. O no. Pero difícilmente nadie querrá bosquejar a futuro una estrategia inteligente y de largo plazo, cuando en lugar de afrontar una opinión contraria pero con fundamentos racionales, el costo personal sea verse sometido, en lo inmediato, al escarnio público con el aval del propio Estado.

Zafarrancho de puesta en caja

El artículo 2 de la ley provincial Nº  836 es más que claro: “El Consejo Asesor Observatorio Cuestión Malvinas tiene por objeto estudiar, promover, analizar, desarrollar e impulsar acciones atinentes a la Cuestión Malvinas, en un ámbito de planeamiento y desarrollo de programas de coordinación de políticas mancomunadas a tal efecto”.

Lo deseable sería que el gobernador descartara la recomendación del observatorio, y utilizara la oportunidad como ejercicio contra la descalificación de personas.

¡Sirven los ejercicios! ¿Cómo que no? Ya que estamos tratando una cuestión que es esencialmente marítima, y solo por dar un ejemplo, en los buques se los realiza metódicamente. Permiten poner en práctica los conocimientos teóricos, preparándose para afrontar contingencias reales.

No estando la promoción de escraches, por lo expuesto, entre los propósitos explícitos del objeto legal con que se creó el mismo órgano asesor que en este caso los promueve, bien puede servirle la ocasión, al Gobernador, como ejercicio para poner las cosas en su debido lugar. La pelota está en el campo del Gobierno y la Legislatura. Será cuestión de ver qué hacen.

No sea cosa que el resultado sea la autoconvocatoria de voluntarios para ser declarados “personas no gratas”, a la par de los involucrados. El suscripto se anotaría, por lo pronto.



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